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La Argentina ya no es sólo exportadora de commodities, también están ganando popularidad mundial muchas de sus startups.

La innovación es el común denominador de estos emprendimientos impulsados por jóvenes argentinos que están conquistando nuevos mercados.

La Nación entrevistó a estos emprendedores ya internacionales, y te mostramos algunos de los casos más fascinantes. ¡Mirá!

 

Sobre ruedas

¿Cómo se mejora algo que ha funcionado virtualmente de la misma manera desde hace dos siglos? Esa fue la pregunta que transitó por la cabeza de Lucas Toledo, Agustín Augustinoy y Eric Sevillia. Los tres vivían en Córdoba en 2012 cuando un paro de transporte que paralizó la ciudad los obligó a pensar que, quizá, la solución para este tipo de problemas residía en darle un giro de tuerca a la bicicleta, inventada en el siglo XIX por el alemán Karl Von Drais.

“Vimos que las bicis no habían evolucionado como otros medios de transporte. Si agarrás una de 1800 y una actual, son prácticamente iguales, mismos diseños y características”, dijo Toledo a LA NACION.

Su solución fue crear Gi FlyBike, una bicicleta con motor eléctrico capaz de doblarse en un segundo. Además, incluye un sistema de seguridad con tecnología Bluetooth y permite controlar todas sus funcionalidades a partir de una app móvil, todo con desarrollo 100% argentino.

“Arrancamos entre los tres. Empezamos en una cochera, nos llevó dos años lograr la financiación”, relató Toledo. Luego de recibir $130.000 del Fondo Tecnológico Argentino (Fontar), el trío decidió apostar a buscar fondos en la plataforma de financiación estadounidense Kickstarter, donde lograron recaudar más de US$400.000 en tan solo cinco horas.

“Nos dio mucha tracción y repercusión a nivel prensa -reconoció-. La primera orden de producción eran 500 unidades y se vendieron todas”.

Toledo, que recibió un reconocimiento del MIT Technology Review por su invento, trabaja ahora con sus socios en la expansión de las operaciones de Gi FlyBike. Para lograr este objetivo, planean realizar una nueva ronda de financiación y otro crowdfunding con el objetivo de atraer inversores y materializar una segunda tanda de bicicletas. Por ahora, la empresa exporta a 44 países, aunque el 50% de sus ventas se concentran en Estados Unidos -tienen oficinas en Nueva York-, el 35% en Europa y el 15% restante se reparte entre Asia y América Latina.

“Hemos tratado de innovar siendo una startup muy chiquita”, admitió Toledo. “Con recursos escasos y sin presupuesto de marketing logramos un impacto global. En los buscadores tenemos 18 millones de menciones y uno de nuestros videos estuvo entre los más populares del año pasado, con 10 millones de vistas”.

 

Sin ataduras

Adiós a los cordones. Gastón Frydlewski detestaba atarlos y elegía, en cambio, guardarlos en las zapatillas. En 2012, junto a su mujer, Mariquel Waingarten, convirtió esa falta de ganas en un producto: los Hickies, bandas elásticas fabricada a partir de elastómero termoplástico (TPE, por sus siglas en inglés).

Como pasó con Gi FlyBike, el matrimonio recurrió a Kickstarter en busca de financiación y la superó con creces. En la primera campaña buscaron recaudar US$25.000 y terminaron obteniendo US$160.000. Cuando volvieron a la plataforma durante 2016 con una alianza con Adidas bajo el brazo cuadriplicaron esa cifra.

“Ahora estamos en 50 países pero con la particularidad de que en algunos mercados con potencial, en vez de tener socio local, abrimos nuestras propias operaciones”, dijo Frydlewski.

A la fecha, Hickies opera de forma directa en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Suiza, Austria y Australia y planea desembarcar este año con subsidiarias propias en Japón, Corea del Sur y China.

Estados Unidos, Alemania y Argentina -donde opera a través de una sociedad con Topper- son sus principales mercados. Tan solo el año pasado vendieron dos millones de packs y estiman que podrían duplicar esa cifra este año. Su facturación anual alcanza los US$20 millones.

 

Otra realidad

Facundo Martín Díaz creó junto a otros dos socios Vrtify, una plataforma de música para realidad virtual. “Empezó en 2015 como un proyecto de investigación. No teníamos un plan de negocios. Empezaba a sonar un poquito el tema de realidad virtual y aumentada y nos pusimos a jugar con la tecnología. Ahí desarrollamos el código para filmar y distribuir contenidos en realidades inmersivas”, contó.

Desalentados por las condiciones económicas del país, tomaron la determinación de mudarse a los Estados Unidos, donde consiguieron US$3,2 millones durante su primera ronda de financiación. Entonces sobrevino la mudanza definitiva, primero a San Francisco, para abrir una oficina en Silicon Valley y luego a Los Ángeles, la meca de la industria del entretenimiento global, aunque su equipo técnico todavía permanece en Buenos Aires.

Actualmente, Vrtify trabaja con las principales discográficas estadounidenses, creando contenidos para artistas como 21 Pilots, Metallica, Maroon 5 y Florence & The Machine, entre otras. “Hoy se está consumiendo poco pero en los próximos años hay proyecciones muy fuertes de que la industria musical empiece a experimentar con estas tecnologías”, señaló Díaz.

Aunque la empresa ha producido recitales en países como Alemania, Reino Unido, España, México y Colombia, el 98% de sus ingresos proviene de Estados Unidos. Sin embargo, la apuesta a la Argentina todavía es fuerte y estiman que en el transcurso de 2018 pasarán de tener 30 a 80 empleados en sus oficinas de Palermo.

 

Fuente: La Nación

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