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Si bien la igualdad de género es un tema cada vez más instalada en la sociedad, aún sigue siendo una problemática real. La brecha de género no sólo afecta al sector corporativo y empresario, sino que las mujeres emprendedoras también lo sufren.

Por eso, este 8 de marzo te acercamos esta lectura obligada realizada por Juliana Monferrán para la revista Apertura.

 

Mujeres emprendedoras con acceso limitado

Mucho se habla de la brecha de género en las empresas: diferencia salarial, falta de oportunidades, menor acceso a puestos de decisión. En cambio, es muy poco lo que se sabe sobre la experiencia de las mujeres como emprendedoras, especialmente de alto crecimiento, o sea de aquellas compañías que, según un estudio de Endeavor a nivel mundial, generan 30 empleos más al año que una firma promedio comparable.

Inician sus compañías impulsadas por la oportunidad, no por la necesidad. Tienen entre 30 y 39 años, viven con su pareja y tienen en promedio dos hijos. Provienen de familias con historial emprendedor, cuentan con un título universitario y confían en su “olfato de negocio” y en su preparación técnica.

Con estas características las define un estudio del Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) realizado junto a E&Y en la región, “Liberando el Potencial de Crecimiento de las Emprendedoras en Latinoamérica y el Caribe”, donde las conclusiones fueron reveladoras. Para el informe fueron entrevistados más de 420 emprendedores y expertos del ecosistema en nueve países (la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Jamaica, México, Perú y Uruguay).

“Con los resultados del relevamiento pudimos responder muchas de las preguntas que nos hacíamos”, cuenta Susana García-Robles, oficial principal de Inversiones del brazo inversor del BID. La más importante: ¿por qué a la mujer le cuesta más liderar emprendimientos de alto impacto?

Las conclusiones fueron varias y todas muy reveladoras. Desde el inicio de una iniciativa hay diferencias en cómo encaran el proyecto mujeres y hombres. El 56% de ellas se considera capaz de emprender su propio negocio, comparado con el 68% de los hombres. Ellos comienzan a emprender a más temprana edad: 18% de los emprendedores tienen entre 20 y 29 años, mientras que solo el 7% de las emprendedoras pertenece a este rango de edad (de alto y menor crecimiento).

Las mujeres, a diferencia de los hombres, van menos a estudiar al exterior (35% versus 60%). “De esta forma, tienen menos chances de tener profesores que entiendan el venture capital”, explica la especialista del Fomin. Y esto incide de forma directa también en la formación de la red de contactos: los hombres forman de manera más temprana una red de contactos internacional, mientras que la red de las mujeres está integrada por familiares y amigos. “En consecuencia, el hombre tiende a incorporar desde el vamos un feedback más profesional a su proyecto”, avanza en el análisis García-Robles, quien en un intraemprendimiento, como lo llaman ella y su socia en la iniciativa, Gyoung Choe, diseñaron WeXchange, una plataforma que conecta a emprendedoras de alto impacto de América latina y el Caribe con inversores y mentores.

De hecho, las mujeres tienden a emprender solas y son accionistas mayoritarias de sus empresas. Y las que deciden asociarse lo hacen con un miembro de su familia o un amigo. En cambio, solo el 18% de los emprendedores tiene una sociedad con su esposa (4%) o algún familiar (14%). A su vez, el 64% de los emprendedores busca mentores que los ayuden a enfocarse en temas empresariales, mientras que, en el caso de alto impacto, solo el 56% de las emprendedoras lo hace.

En cuanto al financiamiento, también hay diferencias en el comportamiento. Mientras la mujer pide solo el dinero que necesita, el hombre siempre pide más. “Las emprendedoras parecen tener aversión a solicitar y tomar préstamos, normalmente porque creen que su petición será rechazada y porque consideran que la cantidad otorgada no será suficiente para hacer crecer su negocio”, explica el estudio.

Sin embargo, varias de las barreras asociadas al género se reducen a medida que sus empresas crecen. Un factor clave que señalan las ideadoras de WeXchange es el sector donde emprenden mujeres y hombres. Mientras las primeras eligen negocios más relacionados al lifestyle (alimentos, servicios y manufactura), los segundos se inclinan por la tecnología. “Al inversor le cuesta más entender el camino al crecimiento de las lifestyle companies”, aseguran.

 

La mirada del inversor

A la hora de enfrentar a los inversores, también hay diferencias. “A las mujeres les cuesta más hablar de números”, asegura García-Robles, que lo ve todos los años en WeXchange y, por ese motivo, decidieron agregar al concurso sesiones de capacitación y mentoring. Algo similar les sucede cuando hay que hablar en inglés. “Son muy perfeccionistas, entonces prefieren que lo haga otro”, cuenta la experta del Fomin.

Incluso hay un paper de Harvard relacionado con el tema. “Las emprendedoras reciben apenas el 2% del capital de riesgo aunque son dueñas del 38% de los negocios del país”, es una de las conclusiones del relevamiento que se hizo en los Estados Unidos. Los autores presenciaron la interacción entre 140 venture capital prominentes (40% de ellos mujeres) y 189 emprendedores (12%) que tuvieron lugar en el TechCrunch Disrupt New York, una competición anual de start ups.

Cuando analizaron el video con las sesiones de preguntas y respuestas con un software de lingüística descubrieron que los inversores hacían diferentes preguntas a los emprendedores hombres que a las mujeres. “Tendieron a preguntarles a los hombres sobre el potencial de crecimiento de su negocios, mientras que a las mujeres le preguntaban sobre sus potenciales pérdidas”, describe el estudio. Y continúa: “Las preguntas a los hombres estaban focalizadas en la esperanza, logros e ideales. Las de las mujeres en prevención, seguridad, responsabilidad y vigilancia”.

En un ejemplo sería así: la pregunta de promoción era “¿Cómo incorporarás nuevos clientes?”, mientras que la de prevención fue: “¿Cómo retendrás a tus clientes?”. Otro caso fue consultar a los hombres: “¿Cómo planeas monetizar esto?”. Y a las mujeres: “¿Cuánto tiempo te llevará lograr el break even?”. Por supuesto, una pregunta de promoción obtiene una respuesta de promoción (85%). En cambio, una de prevención recibe respuesta de prevención.

Sin embargo, hay casos como el del inversor conocido por  Sharp Tank, Kevin O’Leary, quien aseguró que el 100% de sus retornos de los últimos seis años vinieron de empresas dirigidas por mujeres. “Hay un viejo adagio que dice: ‘Si quieres que algo se haga, dáselo a una madre ocupada’”, añade. Él especula que las mujeres son más conscientes de los riesgos y mejores en la administración del tiempo, dos factores cruciales para las pequeñas empresas.

 

Fuente: Apertura

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