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Entre 2013 y 2016, según datos de la Asociación Argentina de Capital Privado, Emprendedor y Semilla (Arcap), se registraron 284 inversiones en proyectos en etapa inicial, por más de 200 millones de dólares.

Esa dinámica se aceleró en los últimos dos años, estimulada por la Ley Nacional de Emprendedores. El cálculo de la entidad es que este año el capital emprendedor invertido por distintos actores del ecosistema superará los 150 millones de dólares, con fuerte participación de aceleradoras y fondos.

Los “inversores ángeles”, también conocidos como Business Angels, son aquellos que de manera individual o asociados en clubes inyectan dinero a las startups en su primera etapa de vida, y también son un eslabón que gana espacio en la cadena local.

Una encuesta realizada por Arcap y IAE Business School analizó la figura del inversor ángel y permitió armar un perfil promedio: hombre, de 45 años promedio, nivel de educación de maestría, formado en negocios o Ingeniería, con inserción laboral mayoritaria en el mismo sector en el que elige invertir, y en rol ejecutivo.

Según el estudio, Córdoba es el distrito que aporta alrededor de 10 por ciento de los ángeles. El primer y segundo puesto es copado por Ciudad y provincia de Buenos Aires, respectivamente. La experiencia en inversión en mercados financieros es otro rasgo compartido por el 83 por ciento de los ejecutivos relevados en el trabajo.

La mayoría detecta en qué startup inyectar recursos y asesoría a partir del contacto directo con emprendedores o por vía de la recomendación de amigos o compañeros de trabajo. Entre esos patrones de reconocimiento de oportunidades, crece un tercero: los clubes de ángeles, estructuras especializadas en aglutinar y gestionar esta clase de inversión.

La principal razón que citan los inversores para oficiar de ángeles es estar en contacto con nuevas tecnologías y desarrollos. Esa motivación supera al interés en lograr cierta relación riesgo-rendimiento.

 

Fuente: IProfesional

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