Uno de los grandes males que se registran en la era de la internet y el universo 2.0 es el ciberataque. Si bien se difunden técnicas para evitarlos, nadie está excento de sufrirlos.

Una compañía líder en seguridad cibernética para organizaciones, gobiernos y usuarios, Symantec, publicó su habitual informe Internet Security Threat Report (ISTR), el cual analiza la situación de 157 países y detalla los principales hallazgos sobre las tendencias emergentes en ciberdelitos, código malicioso, cryptojacking, phishing y spam.

Dentro del contexto regional, Argentina se ubica en el cuarto puesto por segundo año consecutivo, estando cerca de un podio conformado por Brasil, México y Venezuela. En materia de phishing y ataque a través de internet, se ubica en el segundo lugar. Pero las amenazas no terminan ahí, ya que en materia de spam y cryptojaking ocupa el tercer puesto, cuarto en bots, y quinto en malware (virus informático), ataques a la red y ransomware.

Aunque por segundo año consecutivo se encuentra en el top 20 del ránking mundial de países amenazados por spam, la capacidad del país para repeler este tipo de amenaza lo llevó a ocupar el décimo noveno puesto en contraste con lo que sucedía en 2017, donde ocupaba el octavo lugar.

Esta conocida forma de suplantación de identidad, llamada phishing, es un término informático que está caracterizado por intentar adquirir información confidencial de forma fraudulenta, generalmente, a través de un link que llega por correo electrónico.

Para tener una idea del grado de penetración de esta amenaza, uno de cada 1.448 usuarios argentinos están implicados en casos de phishing. Según el informe, los hackers buscan atacar especialmente a industrias manufactureras (1 de cada 1.227), mientras que la minera solo lo recibe 1 de cada 20.643. Las pequeñas y medianas empresas (menos de 250 empleados) son más vulnerables (59,4%) que las grandes compañías (47,2%).

Aunque Argentina se mantiene en el 5° puesto, en los últimos años aumentó el interés de los hackers por los ataques de ransomware -también conocido como rogueware o scareware-, cambiando el blanco de los ataques de los consumidores a las empresas.

Esta forma de delito informático, que restringe el acceso a su sistema y exige el pago de un rescate para eliminar la restricción, tuvo su momento de fama en 2017 de la mano del virus WannaCry, el mismo que puso en jaque a Telefónica de Españainfectando 300.000 máquinas en 150 países.

Respecto al panorama global de amenazas, el informe de Symantec dio a conocer nuevo y relevante actor dentro del ambiente de las amenazas de ciberseguridad: el Formjacking.

Bajo esta modalidad simple y lucrativa, los hackers cargan códigos maliciosos en los sitios web para robar los datos de las tarjetas de crédito de los compradores, con más de 4.800 sitios web diferentes comprometidos en promedio cada mes. Tanto en grandes empresas (Ticketmaster y British Airways) como las pequeñas y medianas fueron atacadas, y se estima que el año pasado se entregaron decenas de millones de dólares a esos delincuentes.

Desde Symantec aseguran que se necesitan solo 10 tarjetas de crédito robadas de sitios web aparentemente protegidos para obtener un rendimiento de hasta US$ 2,2 millones por mes, ya que cada tarjeta obtiene hasta U$S 45 en el mercado negro. Con más de 380.000 tarjetas de crédito robadas, solo el ataque de British Airways puede haber generado a los delincuentes un ingreso de más de US$ 17 millones.

Con una caída del 90% en el valor de las criptomonedas, la técnica cryptojacking que implica el “minado” de esta moneda digital en una computadora, tablet o celular, sin el conocimiento del usuario, dejó de ser uno de los objeto de mayor deseo para los hackers. No obstante, sigue siendo popular debido a la vulnerabilidad de los dispositivos y el bajo costo que implica.

 

Fuente: Clarín