Gran parte de la población está familiarizada con el término “burnout”, ese síndrome que se caracteriza por la extenuación del empleado ante una excesiva cantidad de trabajo. Sin embargo, no muchos están al tanto de otro síndrome laboral: El “boreout”.

Este síndrome se trata más bien de una mezcla perfecta entre desgano, desánimo, aburrimiento y apatía. Es prácticamente un estado emocional, en el que el trabajador se encuentra con falta de motivación y ahogado en rutinas, con escasas ganas de colaborar y poco proclive al aporte.

Según detalla Entrepreneur, el boreout aparece en los empleados cuando:

  • La organización es un caos.
  • No se fijan las tareas con claridad.
  • Se pisa la cabeza del empleado y no se lo deja crecer.
  • Hay tareas monótonas y muy sencillas que hacen personas con verdadero potencial.
  • No hay un plan de desarrollo.
  • Hay muchos “caciques” y pocos “indios”, como se dice habitualmente.
  • Los jefes impiden que los empleados se destaquen.
  • Falta total de reconocimiento de las tareas bien hechas: jamás se reconoce al empleado de ninguna forma.
  • No existen políticas de recursos humanos con gestión apropiada para ayudar al desarrollo de las personas.

Desde la conducta individual, las personas más propensas a padecer el desánimo, aburrimiento y caer en el boreout son aquellos que:

  • Se infra-valoran en lo personal.
  • Baja autoestima: se conforman con lo que les dan.
  • Tienen aspiraciones desmedidas en muy poco tiempo: todo les parece poco, por lo que se abaten y dejan estar: “Total, me pagan a fin de mes”.
  • Se comparan con los demás, sin considerar su nivel de preparación o experiencia previa.
  • Poca asertividad para comunicarse con otros y trabajar en equipo: se aíslan.
  • Se sienten máquinas y víctimas de un sistema que aparentemente los oprime, y no hacen nada para cambiar esa situación.
  • Son conformistas.

 

¿Cómo evitar que tu equipo caiga en el boreout?

Para empezar, tenés que hacer foco en organizar a tu equipo. Diseñá el organigrama de la empresa y comunicalo adecuadamente; tené las descripciones de puestos detalladas para que cada trabajador conozca sus tareas y qué esperás de ellos.

Por otro lado, tenés que ajustar el clima laboral. Hay muchas formas de intervención para elevar el entusiasmo, la motivación y el compromiso con la tarea. Capacitar, formar líderes en vez de seguir poniendo jefes que dan órdenes, abrir espacios de diálogo, coaching de equipos, planificar, hacer desarrollos que motiven a las personas, mejorar las instalaciones, pagar un salario lo más apropiado posible, acompañar los problemas personales que aparezcan. Todo esto ayuda a que, en el tiempo, los colaboradores se sientan contenidos y vean que hay un propósito mayor a cumplir junto con sus compañeros y directivos.

Otro punto estratégico es fomentar el trabajo en equipo, haciendo que cada engranaje funcione a la perfección. El rol del líder es clave para que se logre un sentido compartido; de allí que quienes suelen ser responsables de muchas situaciones con los jefes de modelo antiguo y en extinción: el controlador, tirano y exigente, sin ser un ejemplo para los demás. En su lugar, están surgiendo los líderes empoderados por los demás (con o sin título o cargo en una tarjeta de cartulina).

Por último, percibí el estado de ánimo del equipo, identificá quiénes están desmotivados y conversá con ellos para conocer qué necesitan ajustar para salir de este síndrome. Un buen líder de equipo y de un área tan estratégica necesita acercarse, mantener conversaciones con cada trabajador, conocer sus inquietudes, problemas y elaborar soluciones junto con las personas para fomentar el bienestar y la felicidad laboral en todo lo posible. Ese es su rol esencial en las organizaciones innovadoras.

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